sábado, 13 de agosto de 2011

Filosofía: La felicidad y la filosofía

.
La felicidad y la filosofía

Desde un punto de vista utilitarista, pareciera que la filosofía no es de mucho valor. Así parece porque no tiene una aplicación práctica a primera vista.

El hombre común transita por un mundo que conoce, pero apenas aprecia porque la cotidianeidad, la proximidad de las cosas que imprime la rutina, hace que aquello que nos rodea sea desapercibido.

El hombre, en su devenir personal y cotidiano, ha perdido la capacidad de admirar aquello que le rodea, de apreciar aquello que es importante para sí mismo. La rutina del trabajo, de la actividad social, los pocos espacios de relajamiento y el impedimento constante a la autorreflexión que ejercen los medios de entretenimiento como la televisión, las redes sociales, los juegos, y tantos otros, terminan por crear un espacio diario en el que no tiene cabida la reflexión de temas centrales en la vida humana.

El hombre ha perdido la costumbre de pensar en los temas trascendentales de su vida.
Toma decisiones y piensa, claro está... nadie lo niega... pero hace tiempo que ha perdido la actitud de reflexionar profundamente sobre los temas cruciales de su vida, de su existencia, y al mismo tiempo de tomar decisiones que le impriman un rumbo definido a su existencia. Las decisones que toma suelen estar condicionadas por el plano monetario y económico principalmente. Sus decisiones están condicionadas... El hombre ha dejado de SER LIBRE.

Para ser libre... no hay que estar condicionado.. hay que despegarse del lastre económico de las riquezas. ¿Quién podría haberlo pensado? Quién diría que un rabí desconocido de hace dos mil años que predicaba en un desierto en medio de las cabras... tuviera una visión tan particular del dinero. Una visión tan actual. Extraño... ¿No le parece?

Como ejemplo típico y cotidiano, sabemos que debemos trabajar para ganarnos el pan pero... ¿y que hay de nosotros mismos? ¿Nos gusta nuestro trabajo? ¿Aporta felicidad y alegría?

Si, es cierto: el hombre debe trabajar para ganar su diario sustento... pero el orden natural de Dios no impone que nuestro trabajo nos haga infelices...

La filosofía parece ser que es una ciencia inútil, pero en realidad imprime un rumbo a nuestras vidas cuando nos ayuda a reflexionar y a fijar las metas más importantes para poder decidir los pasos a seguir en el día a día.

Tan sólo treinta años atrás, trabajar un sábado o un domingo era impensable. Esos eran espacios para la familia, para el esparcimiento. La misma sociedad consideraba saludable que sus miembros tuvieran espacios para ... VIVIR.

Hoy en día una gran cantidad de empleos exigen trabajar jornadas completas en sábados y medias jornadas en domingos. Pagan muy bien, claro está pero... ¿A qué costo? ¿Al costo de VIVIR 6 HORAS POR SEMANA? ¿Para poder vacacionar 15 días por año en algún resort exclusivo? ¿Y el resto del año?

Trabajar para vivir si.... trabajar para consumir NO.

Sin embargo, hay una innumerable cantidad de seres que inmolan su vida personal, familiar y social para satisfacer un ansia de dinero que sólo sirve para cubrir lujos que a menudo son innecesarios.

La gran máquina económica ha llegado a la vida cotidiana y ha dañado el modo de pensar de Cristo, según el cual el trabajo debe dar sustento económico que nos permita evolucionar en nuestra vida personal, espiritual y familiar. No ha de ser un fin en sí mismo.

Hoy ya no es posible discutir económica ni políticamente aspectos tan básicos como la necesidad de esparcimiento, el espacio para la vida familiar.   

Y este... ¡es sólo un ejemplo!

La filosofía a través de un marco de reflexión centrada en las necesidades trascendentales del ser humano, ayuda a reflexionar sobre qué es lo importante. Separa lo urgente de lo necesario. Ayuda al alma a decidir qué es lo que una persona busca y porqué hay cosas que lo llenan de riquezas y bienes materiales... pero impiden la obtención de la felicidad.

El pensar filosóficamente, impide que el hombre se transforme en un robot automatizado que sólo sigue el camino de las masas sin pensar en aquello que le hará feliz a sí mismo y a sus seres amados.

El hombre tal como lo conocemos hoy, tiene un toque de nostalgia, de irrealización e insatisfacción personal que se traduce en el hastío existencial del materialismo crudo que impera en el mundo. Esa sensación de infelicidad a menudo explota vorazmente acabando con los matrimonios, con la familia, con los afectos porque el hombre busca la felicidad. Y cuando no la tiene, termina pensando que la felicidad es externa a él... está en otro hombre, en otra mujer, en otro trabajo, en otra familia. A veces es así, pero a veces NO.

La felicidad es como la belleza. Lo que es bello para tí tal vez no es bello para el otro... ¿sabes porqué? Porque la belleza... no está en lo que ves... la belleza está en tí, que observas. La belleza nunca está en lo observado, sino en el que la aprecia. Igualmente la felicidad no está en el exterior del hombre... está en su corazón. Pero obtenerla.... requiere de cambios. A menudo sólo un vuelco interior es suficiente... otras veces hay que sacrificar cosas innecesarias para llegar a ella. 

La filosofía bien aprendida y bien guiada que Cristo espera del hombre, puede ayudar a fijar el rumbo de una vida en particular y al mismo tiempo de toda una sociedad si el espíritu de caridad llena los hombres y rebasa en ese efecto multiplicador que con el tiempo... es la transformación espiritual y la evolución madura de la fe.

No hay comentarios: