lunes, 1 de agosto de 2011

Espiritualidad: La culpa católica

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La culpa católica

Un sentimiento recurrente en la vida de todo hombre y mujer de intensa vida espiritual, es el de la duda.

Ante un problema grave, una desgracia inesperada, la pérdida de un ser amado, la claudicación ante el  pecado y el posterior arrepetimiento... nuestra vieja e inquieta alma se pregunta por nuestra fortaleza y nuestra entereza, que demasiadas veces resultan no ser tales, sino simplemente... debilidades.

La duda se entremezcla con nuestros propios sentimientos de frustración por la falta que hemos cometido, por la debilidad ante nuestro pecado, por nuestra falta de entereza para resistirnos... por la incomodidad de saber que no somos tan fuertes como creímos.

Otras veces esas dudas brotan ante acontecimientos que consideramos inesperados como una desgracia, o una muerte. Quizá hasta nos invade una reacción de rencor ciego porque pensamos que es una injusticia lo que nos sucede a nosotros mismos o al prójimo.

En el mundo anglosajón se habla mucho de la "culpa católica", considerando al catolicismo como una religión que fomenta entre sus miembros un marcado sentimiento de culpa y una eterna sensación de insatisfacción personal producto de ese conflicto. Conflicto generado entre el deseo del hombre y lo que está o no permitido según la concepción católica del mundo.

Claro está que para el pragmatismo filosófico del norte de América la interpretación de la filosofía católica es un imposible práctico: cuando lo que importan son los resultados sin pensar en cómo se llega a éste... se tiene una concepción utilitarista del mundo que pone al mundo como un fin mismo del hombre, no como un medio de evolución del hombre para lo que vendrá .

Hay dos frases populares que  siempre han llamado mi atención: "el dinero habla" y "no es un asunto personal". Estas dos frases encierran la concepción materialista más aberrante del modernismo filosófico.

¿Cómo hacer entender a una mente desarrollada en el más extremo utilitarismo que toda herramienta (aún el dinero) debe ser usada con un propósito superior al del simple mercantilismo?

Al tratar con seres humanos, convivir, trabajar con ellos... ¿cómo la sociedad puede aparentar que "nada es personal"?

Este materialismo utilitarista ha impregnado no sólo al mundo anglosajón, sino que también ha contaminado a numerosos católicos practicantes o no.

En realidad la culpa debe ser asumida por el hombre como un principio revelador de su propia interioridad: lo que nos ocasiona culpa nos daña... y ese conocimiento de nuestra propia interioridad debería generar una respuesta inmediata. Respuesta que deberá ser la de iniciar nuevamente la jornada fortalecidos al conocer nuestros límites interiores y... saber que la exposición contínua al mal terminará por hacer caer nuestras defensas.

La culpa no sirve de nada si la tomas como un fin. Debes asumirla para aprender de tus errores, de tus debilidades. Debe ser tu herramienta para comprender hasta dónde puedes llegar y resistir. Debe alertarte para saber cuándo debes retirarte porque esa batalla te supera. Debe instruir tu inteligencia para fortalecer las debilidades encontradas.

No te quedes a mitad de camino.
Después del portal que es esta vida, Cristo espera por tí.
No seas débil. No te lamentes por lo que no pudiste resistir. Trabaja en tu fortaleza.
Todo soldado sabe que no puede enfrentar por sí mismo a un ejército... debes conocer tus límites humanos y fortalecer tus debilidades.

La resurrección... el juicio personal... la vida eterna... son realidades tan palpables como la mesa en la que comes o el bolígrafo que usas en tu trabajo. Si hasta ahora no has asumido esa realidad a lo cotidiano de tu vida... hay algo mal en tu formación que debes corregir... Hay una debilidad producto de nuestro débil e impreciso apostolado.

En un apócrifo antiguo, se pone en labios de San José moribundo esta oración:

"... Ahora, pues Señor mío, que tu angel esté junto a mi alma y en mi cuerpo hasta que sin dolor se separen el uno de la otra; no permitas que el ángel que me estuvo unido desde el día en que me formaste hasta ahora, vuelva contra mí un rostro inflamado de cólera en el transcurso del camino cuando me vaya hacia tí. No dejes que los encargados de la puerta detengan mi alma, y no me confundas ante tu temible tribunal. No desencadenes conta mí las olas del río de fuego, aquel en que todas las almas se purifican antes de ver la gloria de tu divinidad. ¡Oh, Dios que juzgas a cada uno en verdad y justicia!..."

Usa la culpa para mirar dentro de tu alma y preguntarte a tí mismo cómo quieres ser recibido en la eternidad de Dios... más allá de tu postrero y agónico estertor final.

Recuerda que la muerte así como la noche... te espera en el final de tu jornada, en esta vida.

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