domingo, 3 de abril de 2011

Espiritualidad: Intolerancia y Fanatismo

Intolerancia y Fanatismo

Este tema requiere de una introducción para aclarar algunos aspectos espirituales que forman parte de la vida de todos aquellos que de alguna manera estudiamos a Cristo desde la filosofía, la metafísica y la teología.

La espiritualidad del hombre que se adentra en esas ciencias SIEMPRE termina siendo influenciada por ellas. Al estudiar alguna de esas materias, invariablemente los hombres terminan visualizando la espiritualidad y analizando cada aspecto de ella bajo la luz de la ciencia de Cristo.

¿Qué quiere decir esto? Que invariablemente los estudiantes de teología tomamos una posición en cualquier aspecto a analizar sobre cualquier cuestión, por mínima que sea.

Para nosotros, toda posición, toda opinión, toda actitud, toda creencia es asumida como una respuesta a nuestros conocimientos y nos lleva a tomar una posición fundada. Esa opinión que damos, esa actitud que tomamos, esa creencia que sustentamos, tienen un fundamento teológico EN CRISTO.

Si el teólogo es honesto, esa posición que asume es la posición que cree  tomaría Cristo en su lugar. Si no fuera asi, el teólogo sería entonces un fariseo, y formaría parte de la dinastía del mal que rige el Otro, el Antagonista.

Esto no quiere decir que somos santos, porque el pecado forma parte de nuestra naturaleza.... simplemente somos HONESTOS. Cuando pecamos, no nos disculpamos buscando explicaciones... sabemos que hemos pecado y aceptamos el castigo que nos corresponde. ¿Puede ser que seamos incongruentes? ¿Que vivamos en desacuerdo a lo que pensamos? ¿Que vivamos pecando aún cuando conocemos la verdad? ¿Que existan contradicciones en nuestras vidas? Por supuesto. También forma parte de nuestra naturaleza pecadora.

Pero el teólogo fiel.... siempre es honesto.

Durante la etapa de formación, a menudo el teólogo parece cambiar de opinión sobre ciertos temas. Esta APARENTE contradicción forma parte de todo estudiante de ciencias, pero en realidad forma parte de la vida misma.

En ningún otro lado sino en Cristo se pueden ver más auténticamente los grados del conocimiento que los estudiantes adquieren. En la ciencia de Cristo existen GRADOS DE CONOCIMIENTO, que a menudo hacen que el estudiante vea con diferentes opticas un tema en particular de acuerdo a lo que SABE, a lo que ESTUDIO... de acuerdo a la INSPIRACIÓN que recibió.

Un ejemplo claro lo tienes en el matrimonio: En el antiguo testamento se permitía el divorcio, pero la llegada de Cristo lo cambió todo. Jesús explicó que antes de Él se permitía repudiar a una mujer debido a la dureza del corazón de los hombres, pero desde su llegada... comenzó la era del Amor Cristiano. Antes prevalecía la carne, la debilidad, la naturaleza animal del hombre, pero con Cristo comenzó la era del Amor. No el amor platónico y flojo de una telenovela de mal argumento, sino el Amor de Dios, puro, valiente ... del amor del honor que viene de la eternidad.

El crecimiento del alma viene con Amor y el Amor permite y DEBE crecer en la amistad, en los valores, en la lealtad, en el honor. Jesús el hombre tenía miedo de morir... así lo manifestó en el huerto, sin embargo acalló su carne y eligió morir por Amor a sus hermanos de sangre... los hombres.

Murió con honor, murió con amor... murió con lealtad. Pero murió sabiendo que su ser, que su existencia no terminaba en una sepultura. Murió sabiendo que los hombres deben vivir y morir conociendo que son eternos y que esta vida que conocemos es sólo la etapa inicial de nuestra eternidad.

Cristo murió por amor... pero sabiendo de su eternidad... sabiendo que no todo terminaba en ese acto postrero y en su estertor agónico.

Si no hubiera sabido lo que sabía... habría peleado por su vida, como la carne le reclamaba. Pero no lo hizo porque acalló su carne por el CONOCIMIENTO que poseía en la interioridad de su alma... de su ser.

Tu dirás ¿para qué me explica algo que ya sé? Por este motivo, amigo mío: los hombres viven y mueren de acuerdo a los GRADOS DE CONOCIMIENTO que posean. Sus actos, sus acciones, sus omisiones, sus pensamientos surgen de un modo u otro de acuerdo a lo que saben.

Es por eso que el Amor de Cristo perfecciona nuestra alma y sublima nuestra carne ... o debería hacerlo. Pero el Amor de Cristo no solo son campanas y embelesamiento... el amor de Cristo es trabajo duro, es batallar sin descanso, es vivir con honor y lealtad, es caridad por el otro... es simplemente Amar como amó Cristo.

Cuando avanzas en conocimiento... pues simplemente evolucionas. Cuando veo a fanáticos... solo veo a carvenícolas intelectuales que gritan y corren y se pelean con el prójimo sin saber convivir con el pecador, ciegos en el valle más bajo del conocimiento, aquel que mira una tabla de 10 reglas y levanta el dedo para juzgar sin ver la oscuridad de su propio corazon.

Mientras tanto, los que subimos la montaña de Cristo nos acercamos al amor por el otro y preferimos llegar al pecador con comprensión, con dolor en el corazón por sus pecados, con el valor suficiente para acercarnos, conocerlo... y transformarlo como lo haríamos con nuestro hermano carnal,con nuestros amores terrenales... con COMPRENSIÓN.

No es casualidad que Cristo prefiró usureros y rameras antes que a doctores fariseos. Transformó por AMOR... no por EXCLUSIÓN ni DESCALIFICACIÓN del otro.

Si tuvieras que decirle algo a un ser muy cercano y amado... lo dirías de este modo? "... ¡Estás equivocado y es tu propia ignorancia la que te enceguece! Si no sabes nada de la ciencia de Cristo, pues...¡NO DEBERÍAS HABLAR PORQUE TU OPINIÓN NO SIRVE!..."

o lo podrías decir de este otro: "... Entiendo tu opinión, y quizá la compartiría pero resulta ser que quizá no hayas analizado estos puntos.... etc. Quizá si lo piensas bien, esta nueva optica te haría cambiar de opinión. Quizá yo podría ayudarte explicándote cada uno de esos puntos...¿No te interesaría que lo charláramos mientras tomamos un café?"

Una respuesta refleja la intolerancia, propia del fanático que descalifica sin comprender al otro y a su mundo. La segunda forma surge del amor que quiere convertir al otro. Uno busca quebrar la relación marcando diferencias, el otro intenta convivir con respeto e intenta la perseverancia porque quiere atraer al prójimo a vivir en Cristo.

No se puede transformar sin auténtica CARIDAD, nacida del AMOR en Cristo.

Cuando se enfrenta a un antagonista leal, nunca reivindiques tu posición, primero escucha lo que tiene que decir para comenzar a comprender el mundo en el que vive... sólo después de conocerlo le respetarás... le amarás... y perseverarás con paciencia... siempre cerca de su lado... esperando a que el Espíritu Santo le toque y te brinde la oportunidad de transformarlo.

Simplemente... ámalo como Cristo le ama.

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