viernes, 11 de marzo de 2011

Espiritualidad: La Melancolía

La Melancolía

La depresión es uno de los grandes males de la civilización moderna... en algunos casos es una enfermedad psiquiátrica que requiere de tratamiento especializado, principalmente cuando comienza a impedir el normal desarrollo de las actividades del individuo.

Pero en la mayoría de los casos (no quiero decir afortunadamente), es una melancolía que invade el alma, impregna todas nuestras actividades y se transforma en una sensación de insatisfacción... un sentimiento de falta de realización personal... una mezcla de sueños perdidos y de metas no alcanzadas.

Se transforma a veces en una añoranza de los tiempos felices de nuestra juventud, cuando la vida era fácil, simple y sencilla.

No es casualidad que la depresión y los estados melancólicos sean asociados por los individuos a los problemas económicos, a los altibajos financieros, a la inestabiliad política, al problema del desempleo, al estrés...

Se liga a todo aquello que genere incertidumbre, a todo aquello que derrumbe el sentimiento de seguridad que algunos hombres necesitan para vivir el día a día sin sobresaltos.

La Melancolía comienza por invadir los corazones de manera sigilosa e inadvertida. Sumerge al hombre en un estado de apatía y desinterés del cual a veces no puede salir por propios medios. Termina por convertir al ser humano en un espectador de su propia vida, encerrándolo en sus propios problemas, incapacitándolo para ver más allá de su propio entorno.

En los casos más graves se pierde la motivación y la iniciativa, la capacidad de luchar por lo que queremos. Impide la habilidad de ver las cosas objetivamente.

Imagino la melancolía como una puerta que no se puede traspasar para vivir la belleza de la creación. El ser melancólico es un espectador que se queda detrás de la puerta y observa sin poder integrarse activamente a su propio devenir.

Afortunadamente, el hombre tiene mecanismos de protección que le protegen de sumergirse en la melancolía más allá de la frontera que divide un estado de ánimo de una patología psiquiátrica. Es importante proteger nuestra salud mental. Es importante saber buscar ayuda profesional cuando un problema empieza a ser inmanejable para nosotros. Recordemos que el medio natural de curación que Dios provee al hombre enfermo es, sin lugar a dudas, el médico... el doctor.

Cuando la melancolía no es una enfermedad que requiere de tratamiento psiquiátrico o psicológico, cuando la melancolía se transforma en un modo cínico de ver la vida... se transforma en un mal del alma.

Algunos estados melancólicos llevan a los individuos al aislamiento espiritual, a la insensibilidad social, al desprecio por el otro que se refleja en indiferencia.

Algunos estados melancólicos llevan al ser al ensimismamiento que sólo deja ver al mundo desde la óptica de nuestro propio ombligo. Al "que me importan los otros".

Como todo mal... la melancolía cínica del hombre es una carencia. Es la carencia de felicidad. En algunos casos graves... es una carencia de Fe, una falta de confianza en la Providencia. Una debilidad del ser, una flaqueza espiritual.

¿Qué puede hacer la religión por los hombres? ¿Cómo se puede ayudar al espíritu humano desde la teología para luchar contra la melancolía?

Debemos recordar que Dios dota al hombre de un cuerpo y una espiritualidad adecuados para soportar el dolor y el mal. Debemos saber que estamos aquí, en esta vida para crecer y que el crecimiento no es fácil.

Si nuestra vida se ata a la comodidad económica, al confort, al lujo, al dinero... terminamos por sobredimensionar las riquezas y comodidades de este mundo. Cualquier torpiezo, cualquier percance nos provocará un "berrinche" en nuestra alma y nos concentará más en nuestros propios problemas. Nos aislará de nuestros amados, de nuestros seres cercanos.

Tenemos que aprender que podemos y debemos tener el control de nuestra propia vida en todos los aspectos, incluyendo el desarrollo espiritual,el profesional y aún el económico. Muchas veces esa falta de respuesta del hombre a sus problemas económicos y sus dificultades financieras se deben en realidad a la falta de carácter y decisión que siempre acompaña a los que buscan activamente sus sueños y estan dispuestos a trabajar duro para conseguir lo que quieren.

No todos los hombres del mundo tienen el privilegio de elegir en qué trabajar. No todos tienen esa posibilidad. Tampoco históricamente porque la mayor parte de los hombres que han vivido a lo largo de la historia humana trabajaron en lo que pudieron sin posibilidad de elegir.

Hoy la civilización da a una gran parte de los hombres del mundo la posibilidad de elegir trabajo, oficio, ocupación o profesión.

Cuando a una persona le molesta su trabajo o sus condiciones económicas actuales, es hora de que se pregunte honestamente ¿qué estoy haciendo para cambiar esa condición? ¿estoy dispuesto a sacrificarme para hacer otra cosa? ¿estoy dispuesto a hacer el esfuerzo? ¿en realidad estoy mal o lo que anhelo es en realidad un lujo innecesario para mi alma?

Hoy prevalece la cultura del poco esfuerzo. Los estudiantes quieren recibirse sin estudiar, los empleados quieren trabajar lo menos posible, los empresarios quieren obtener máximos beneficios pero pagar lo menos posible a sus empleados.

Si respondiéramos honestamente a estos cuestionamientos internos y viéramos a nuestra alma en un espejo con el detalle que vemos el alma de los demás, veríamos que en realidad la melancolía de la civilización occidental es un anhelo de necesidades inventadas.

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