miércoles, 23 de febrero de 2011

Soldados de Cristo: Todos somos un hijo pródigo


Todos somos un hijo pródigo


La vida es una prueba por la que el hombre transita y a través de sus actos y motivaciones crece mental y espiritualmente demostrando la solidez de sus principios.

Después de años de caminar, reflexionar, vivir y amar es de esperar que por su vida cruze el mensaje salvífico de Jesús y, al encontrar al Cristo redentor, finalmente el alma del hombre repose en paz al encontrar la fuente de su luz interior y el motivo de su fuerza.
  • A veces creemos que la fuente de la felicidad o el destino del hombre pasa por un camino distinto al de Jesús:
  • Intentamos con la sabiduría y nos damos cuenta que el saber sin hacer o el amor sin obras no puede sanarnos el alma
  • Pensamos que el amor carnal puede aplacar la soledad que sentimos y nos damos cuenta que el amor sin comunión  espiritual nos aísla más y acentúa nuestra tristeza
  • Ahogamos las inquietudes espirituales y los llamados del alma sumergiéndonos en el trabajo diario, acumulando dinero o poder.
Todos vagamos por el mundo buscando almas gemelas porque el hombre fue creado para vivir en comunidad, como un ser social.

A veces nos sentimos tentados a creer en soluciones filosóficas o existenciales que nos ayuden a calmar nuestro espíritu y recurrimos a filosofías y modalidades extrañas.

En nuestra confusión podemos creer en los vendedores de libros de autoayuda o pensar que la autorealización pasa por una visión de la vida "light" o en la felicidad mundana.

Podemos creer que los gurús orientales pueden darnos la paz que buscamos a través de concepciones extrañas de dioses impersonales, muletillas de frases hechas o reencarnaciones que prometen una inmortalidad que ya tenemos pero que desconocemos.

Lo cierto es que a veces nos sentimos sumergidos en un mundo extraño, sin noción cierta de lo que nos pasa porque la tristeza, el desamor o la desesperanza nos invade.

Podemos vagar a lo largo del mundo empleando todos los años de nuestra vida buscando sabios, buhoneros, albañiles, plomeros, carpinteros, sirvientes, jovenes, viejos y locos, pero corremos el riesgo de nunca encontrar un alma gemela.

En noches interminables nuestra mente puede viajar a lugares extraños, pero nunca encontrar aquello que necesitamos.

Podemos internarnos en filosofías erráticas que fracasaron en el fundamento del ser y del existir.

Podemos caminar en el mundo y volvernos indiferentes al dolor del otro, mezclándonos con las risas lejanas de aquellos que viven indiferentes al mal.

Pero nunca podremos acallar los gritos angustiosos de desesperación pagana que nos hace llegar nuestra alma si negamos la razón de nuestra existencia.

Somos hijos de Dios, que como Padre, concibe a sus hijos como una obra de amor y espera de ellos la plena realización y la completa felicidad del ser.

Pero todo hijo debe crecer. Todo crecimiento trae alegría y dolor. El dolor madura el alma. Templa el corazón. Nos vuelve fuertes para lo que vendrá. No hay crecimiento sin dolor.

Somos niños y como tales, debemos crecer en nuestra espiritualidad y fortaleza. En la vida solemos alejamos de nuestra familia, de nuestro Padre y cuando lo necesitamos volvemos a la seguridad del hogar paterno. Así debe ser. Así se crece.

Todos somos un hijo pródigo.

Combate la tristeza y la desesperanza sin cansansio, sin dolor y sin tregua.
No tendrás honores ni reconocimiento sin crecer en el dolor.
No tendrás paz sino en el amor.
No serás visible para los otros sino en la tormenta porque allí brillará tu caridad.
No serás noble sino en el combate, porque allí saldrá lo mejor de tu fortaleza.
No serás fiel sino en la derrota, porque allí se forjan las almas valerosas.
No verás la luz sino en la oscuridad porque así brillará para tu guía en esta vida.

Puedes ser olvidado y desconocido para los hombres.
Puedes ser desprestigiado y vivir sin reconocimiento.
Pero nada de eso puede destruirte porque en la oscuridad del encierro de tu alma finalmente verás la liberación y el reflejo de tu dignidad.

Contempla hoy tu vida con los ojos vivos de la eternidad.
Tú eres un soldado y como tal no puedes rendirte.
Eres un soldado de Cristo.