miércoles, 8 de diciembre de 2010

Espiritualidad: La sencillez del Maestro


La sencillez del Maestro


A lo largo del Evangelio se pueden apreciar dos planos diferentes de enseñanzas. Como no puede ser de otro modo, Cristo habla para que el mensaje salvífico de la Anunciación llegue a todos por igual. Por decirlo de otro modo, habla en palabras simples que puedan ser interpretadas por todos los oyentes.

Porque ese es el primer y más importante requisito para que la salvación ingrese a un alma: se debe ser oyente. Pero no cualquier tipo de oyente es el salvado, sino el que guarda en la interioridad de su alma la predisposición a la verdad que lo diferencia del fariseo. Dios habla, pero no habla para los que aparentan escuchar. Habla para los que esperan con predisposición de alma la iluminación de la Verdad.

Se puede escuchar el mensaje de Dios con diferente estados de ánimo, pero aquellos que realmente buscan con vocación y humildad la verdad, abren las puertas a la acción del Espíritu Santo.

Pero el hombre es un ser complejo, por lo que Cristo debe hacer llegar la Revelación a personas con diversos grados de entendimiento y, como un maestro en el aula, enseña ajustando las palabras de tal manera que el mensaje sea entendido por todos.

En las aulas, un maestro enseña para que todos sus alumnos aprendan, pero el maestro sabe que algunos de ellos aprovecharán mejor las enseñanzas del aula porque pueden discernir revelaciones más profundas y sacar conclusiones un poco más complejas que parten de lo que se enseña.

En las Escrituras Sagradas existen dos planos de enseñanza: la lectura simple y llana no deja lugar a dudas, no hay lugar a comentarios que no sean obvios por sí mismos. Pero es algo diferente con las enseñanzas profundas... sucede que a veces el hombre no puede verlas y es incapaz de desentrañarlas.

Es por esto que en algunos de nuestros santos la sencillez del mensaje se destaca de una manera luminosa. Pero también es cierto que no para todos la verdad es obvia. Muchas cosas empañan la percepción de la Verdad de Cristo: las costumbres, la mal-formación filosófica o teológica, la modas pasajeras, los intereses personales que nublan el juicio.

La situación es compleja porque el hombre actual se ve sometido a un conjunto de percepciones y opiniones encontradas en una saturación informativa que a veces hace que no pueda discernir lo verídico de lo erróneo porque tampoco tiene una formación filosofo-teológica que le sirva de base en su discernimiento.

Hay una historia con moraleja que me gusta comentar cuando predico que viene al caso como ejemplo:

Había un juez, que en su secretario veía a su mano derecha. Le tocaba juzgar un caso muy complejo, pero a decir verdad el juez no tenía una gran memoria ni maestría en los códigos civil y penal, por lo que le faltaba la base fundamental en un juicio que es el conocimiento. Cuando el acusado termina de exponer el caso con gran fundamentación jurídica, el juez comenta "Tiene usted razón". El acusador toma la palabra y fundamenta su posición y el juez concluye "Tiene razón en lo que dice". Ante esto, el Secretario le dice al juez al oído "Señoría no puede darle la razón a los dos... sólo uno de ellos debe tenerla...". Ante esto, el Juez mira a su Secretario y le dice "¿Sabe que usted tiene razón?"...

La moraleja de nuestra historia es simple: nadie puede tomar una posición justificada sin tener conocimientos básicos de los temas que les fundamentan. Sin formación en ciencia, filosofía y teología... todos corremos riesgo de equivocarnos. Dios siempre ha tenido en cuenta esto, y para solucionarlo está la  Gracia y el Espíritu Santo.

Podemos equivocarnos, pero si sentimos predisposición a la verdad, nos documentamos y dejamos que la Gracia actúe en nuestro corazón y a través de ella, el Espíritu nos lleva mansamente a la verdad. Pero debemos ser honestos y humildes para tener vocación y corregir nuestro juicio por amor a Dios.

¿Lo dicho resulta difícil de creer? No cuesta encontrar ejemplos, pero aquí va uno dolorosamente real: la enseñanza lisa y llana no admite réplica... la Biblia dice "No matarás". Está muy claro ¿verdad? Sabemos que no debemos matar intencionalmente... entonces  ¿por qué hay aborto en el mundo?

Quizá el aborto existe porque la ciencia y los conocimientos actuales dejan espacios para que las dudas puedan sembrarse. La clave está en cuándo podemos decir que la unión del óvulo y del espermatozoide constituyen en realidad a un ser humano.

A través de la Biblia, Dios habla para todos los hombres, pero debemos profundizar más allá de lo que dice para resolver cuestiones como ésta. No es una simple posición filosófica, sino todo un juicio crítico que hace a la defensa básica y fundamental de seres humanos. La posición ética y objetiva nos lleva a decir incluso que no tomar una posición... es también una posición.

Hay un conjunto de posturas teñidas de desconocimiento, desinformación y errores en los casos menos graves. En otras posturas hay posiciones ideológicas, politicas y económicas que tienden a confundir a la opinión pública intencionalmente.

Para la Iglesia es simple: un cigoto tiene el genoma humano y por ese motivo es considerado un ser humano desde el momento de la concepción (por ese motivo se considera la pildora del día después como abortiva) .

Los partidarios del aborto defienden cualquier postura que lleve a pensar que el ser humano se convierte en tal más allá de la concepción porque de esa manera justificarán jurídicamente la exterminación de un ser humano, afirmando que el ser humano es tal cuando:
  • madura el sistema nervioso
  • cierra el tubo neural
  • tiene x tiempo de concebido
  • nace
  • etc
Nada nos dice la Biblia directamente... hay que inferirlo o concluirlo a partir de lo que dice...hay que leer más allá para resolver este problema.

En el medio... está la diversidad humana: están los que se convencen sinceramente de los postulados científicos, filosóficos y teológicos que sustentamos los católicos y otras religiones... y están también los abortistas que obran de buena fe y deben ser convencidos por alguno de estos tres medios. Y lamentablemente también están los abortistas que fijan posiciones cegadas por intereses de diversos tipos pero que no obran de buena fe.

Este es sólo un ejemplo, como se puede apreciar, de que el desarrollo de la ciencia, la filosofía y de la teología no es un simple capricho intelectual sino que es una condición requerida para los predicadores actuales. No podemos predicar sin tener posturas justificadas en alguna de estas ciencias.

El hombre moderno no admite ya el "no porque yo lo digo". Si algo nos diferencia de nuestros ancestros es que el hombre moderno gusta de pensar por sí mismo, y es en el trayecto del pensar en donde los predicadores debemos guiar para evitar la deformación intelectual.

Es por eso que la Institución de la Iglesia está en crisis: no ha percibido aún que el hombre moderno sólo aceptará posturas justificadas desde la ciencia, la filosofía y la teología EN CONJUNTO, no por alguna de ellas.

Del mismo modo, se hace imprescindible que esos argumentos sean llevados claramente a los hombres a través de la maestría de la sencillez. Hasta que ese cambio se produzca (o no) dentro del seno de las Instituciones Eclesiales, éstas seguirán en crisis y los fieles seguirán disminuyendo. Pero no confundamos crisis Institucional con crisis de Fe o de Religión, porque no hay tal.

La Fe sigue presente en los pueblos y Dios la preserva para permitir la salvación de la Almas.

Hoy en día el protagonismo de toda la Iglesia que incluye a laicos y sacerdotes, es la que mantiene la comunicación de la Palabra y la vigencia del mensaje de Cristo y somos nosotros, los fieles soldados los que trabajamos en las trincheras del mundo los encargados de hacer ver a las instituciones eclesiales que el aggiornamiento no pasa por las formas, sino por los métodos.

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