sábado, 6 de noviembre de 2010

Biblia: Parábolas del Fin de la Sinagoga

PARÁBOLAS DEL FIN DE LA SINAGOGA
(I)(Mt. XI, 16)

¿A qué compararé esta generación? Se parecen a los chicos que están jugando en la plaza, y se gritan unos a otros:

Os hemos tocado (con brío) la quena
Y no bailasteis
Os hemos cantado cantares de pena
Y no llorasteis. (Mt. XI,16)


En esta perícopa de san Mateo (resumida o desparramada en Lucas), verificada después de la "misión" de los Apóstoles, o sea en el segundo año y poco antes de la muerte del Bautista, Cristo hace un retrato desdeñoso de los Saduceos, reprocha a los Fariseos, y maldice a las ciudades infieles e ingratas donde su "buena nueva" no había prendido.

Es la primera vez que Cristo REPRUEBA a su pueblo. Esto había de ir adelante hasta consumarse el Martes de Pasión en la terrible parábola de la Higuera Maldecida, que veremos luego.

Esto tiene gran importancia. Resuelve una dificultad tremenda en la lectura de las Escrituras. Dios había hecho a los judíos promesas grandiosas que aparentemente no cumplió: les había prometido ponerlos a la cabeza de todos los pueblos y hace veinte siglos que están dispersos y oprimidos entre los pueblos, en situación inferior a los otros pueblos. Esta dificultad tienen hoy todos los judíos religiosos, que simplemente no pueden entender sus propios profetas, a los cuales aceptan como "inspirados". Mas Cristo fue el último de los grandes profetas de Israel y (con sus dichos, sus hechos y su muerte) INTERPRETÓ a todos los demás.

Reprobó a su pueblo (que ya estaba intentando darle muerte), primero mansa y humorísticamente: había un juego de niños en que probablemente estos imitaban un baile y un funeral, como es uso de los niños. Cristo aplicó las palabras de la ronda infantil a sí propio y a su Precursor: "Vino Juan que no comía ni bebía y habéis dicho: Tiene demonio. Vino el Hijo del Hombre que come y bebe, y habéis dicho: He aquí un hombre de francachela, manyín y vinolento, amigo de publicanos y pecadores".

El decir, vino el ascetismo y vino el misticismo, y la religiosidad judía, ya corrompida, rechazó a ambos; hasta darles la muerte. El pueblo judío mismo rechazó su salvación, su Reino, el cual le fue ofrecido hasta de sobra. El reproche visa principalmente a los fariseos, que eran los directores religiosos de la nación.

Antes de Cristo había visado a los Saduceos, respondiendo a los Johannidas que habían venido de parte del Precursor a preguntarle si era o no el Mesías; no que Juan no lo supiera, pero sus discípulos lo necesitaban, (Ver El Evangelio de Jesucristo, pág. 329). Los Saduceos eran los directores políticos de la nación, pues andaban en la corte de Herodes y de Pilatos como amigos y aun consejeros, lo mismo que un siglo antes en tiempo de los Macabeos en la corte de Antíoco. Cristo hizo un breve retrato de la clase dirigente... de la Argentina de hoy día: "cañas agitadas por el viento y gentes vestidas con lujo y molicie, que andan rondando siempre por... " las Casas Rosadas.

Una aristocracia que se corrompe es siempre igual: concentra sus afanes en el dinero, para arrapiñar el cual necesita el poder; ya sea que sepa trabajar, como una parte del barrio Norte, ya sea que no sepa, como otra parte. Pero todos son bichos para la política; y que gobierne una potencia extranjera, romanos o helenos o sirios, Seleuco, Antíoco o Pilatos, no les importa, Es gente cultivada, porque tiene tiempo de leer, de ir al teatro o de oír música; pero superficial, "como cañas sacudidas por todo viento" de doctrina; gente del "último dernier cri" (como decía uno de ellos) de la literatura, la filosofía y la política: que se atiborran de literatura francesa, y ahora yanqui... quiero decir, helénica y romana,

La "frivolité" que en castellano es casquivanería o tarambanismo (aproximadamente) es una de las más graves enfermedades del intelecto, siempre causada por un deterioro moral. En Buenos Aires falla todo en los hospitales; y hay que llevarles a los míseros que allí caen no sólo comida sino aun remedios y vendas. Y sin embargo la Municipalidad estatuye un premio de 100.000 pesos, (premio Ricardo Rojas) al que perpetre un libro "que sea concordante con las esencias americanistas que rigen en el mencionado escritor con tendencias indigenistas". (sic.) Es una tarambanería, que raya en lo criminal; y he tomado un ejemplo benigno. En realidad es "propaganda liberal" en la cual gastan nuestros gobernantes millones de pesos; y eso infructuosamente, porque nadie les "lleva el apunte". El mencionado "prócer" fue liberal, aun cuando nunca haya sido muy "prócer"; Y sus libros, que son mediocres (y "con esencias indigenistas") son propaganda liberal.

Los Saduceos, los diletantes, esnobs y figurones de la Corte, eran tan enemigos de Cristo como los Fariseos, aunque menos sañuda y brutalmente. No eran fanáticos religiosos sino al contrario escépticos; pero se ajuntaban con los fanáticos para tratar de enredar a Cristo. "Seréis odio para todos por causa de mi palabra" -dijo Cristo a sus enviados; y Él lo estaba experimentando ahora. La palabra de la verdad hallaba resistencia por todos lados (en las clases superiores, que son las que dan el tono) lo mismo que ahora en la Argentina –guardando proporciones.

¿Qué es una nación? ¿Cuándo una nación es buena y cuándo mala? ¿Cuándo es noble y cuándo es plebeya? ¿Cuándo una nación es grande, como repiten ahora tanto en la Argentina los locutores y los discurseadores?

Decir ahora que la Argentina es "un gran país", es una necedad, tanto si lo es de veras como si no. Una nación es siempre una cosa compleja, donde hay buenos y malos, nobles y villanos, hombres grandes y chanfaina. Sin embargo una nación puede ser calificada (por un filósofo o un profeta) aunque en forma general y analógica (latet dolus in generálibus); pues siempre hay en ella una minoría que da la tónica, que impone a la mayoría su propio modo de vivir y de VER; pues las mayorías de suyo son indeterminadas, y deben recibir de una minoría superior su forma. Y así se puede decir en rigor "mi nación es una gran nación"; pero es mejor no decirlo: por modestia si es verdad, por veracidad si no lo es. Mas Cristo no calificó a toda su nación, lo cual es siempre indiscreto, sino sólo a su "generación", a sus coetáneos. Dijo que era una generación depravada y bastarda; y que su clase dirigente era depravada y bastarda, es tan cierto como el Evangelio. Y que la actual generación argentina en su "clase dirigente" (que no dirige, sino que "mete la mula") al menos es chabacana, ignorante y ruin, es más cierto que el Evangelio, si fuera posible.

Y a continuación Cristo maldijo a Corozaín, Bethsaida Julia y Cafarnao, tres ciudades galileas donde había hecho milagros y en la última de las cuales moraba. Pronunció que si en Tiro, en Sidón, e incluso en Sodoma, se hubiesen hecho los milagros suyos, esas ciudades paganas e incluso degeneradas hubiesen hecho pública penitencia; como Nínive ante la prédica del profeta Jonás. Esto no fue una presunción oratoria, pues Cristo tiene ciencia para saber lo que haría Fulano o Zutano puesto en talo cual circunstancia hipotética; es decir, ciencia de los "futuribles", que llaman. Dios conoce lo que me hubiera pasado a mí, si en vez de hacerme jesuita me hubiera hecho dominico, por ejemplo: cosa que yo no sé. O si en vez de nacer en este gran país hubiese nacido en Andorra.

Lo curioso es que Cristo maldijo, y su maldición se cumplió: hoy día ni siquiera se sabe donde estuvo Corozaín, "etiarn periere ruinae" - "Casas, palacios, Césares murieron - y aun las piedras que dellos se escribieron". Cristo maldijo; mas san Pablo mandó: "Bendecid y no maldigáis". Se puede decir que Cristo tenía autoridad para maldecir y nosotros no; pero no basta, porque algunos santos maldijeron también, como Eliseo o san Vicente Ferrer, Santo Tomás dice que hay dos maneras de maldecir, formal y material.

Maldición formal, cuando uno arroja a la cara del prójimo el deseo de su mal, en forma que impresione su imaginación; que ese es el mecanismo de la maldición, y por eso muchas veces se cumplen, aun sin milagro; como si yo gritara a un enemigo mío (Dios me libre): "Ojalá que Frondizi te haga ministro"; que es una maldición gitana. Y eso es pecado.

Pero "maldición material", que no es pecado, es de tres modos: uno, cuando se prevé que una cosa mala le va a suceder a alguien y uno se la descubre a gritos para prevenirla; y eso es más bien caridad, aunque se haga en forma ruda; como pasa con las cartas que de vez en cuando escribo a Roma.

Otro, cuando uno desea que un mal sea vengado por amor a la justicia, y por eso se pone a gritar y conjurar que venga el castigo; como hace el buen pueblo francés cuando sucede allá algún "affaire", como el asesinato de Satanowsky o de la Señora Coronel Morando. Nosotros echamos tierra encima y nos callamos. Tito Livio escribió de los franceses (o "galos" de su tiempo) que eran "gritones". Pluguiera a Dios lo fuésemos un poquito más los argentinos en cosas de justicia.

Tercero, cuando un pobre oprimido o atropellado clama lo que le ha pasado, con todas sus fuerzas, porque no puede menos: el derecho de llorar es el único que no le pueden quitar al pobre; aunque dice Roosevelt que también, gracias a la "democrassia", tiene hoy día el derecho de ser feliz. Ese lloro suele ser escuchado por Dios. Alguno me dirá aquí que el ejemplo de ésto es el poeta Mármol cuando escribió contra Rosas:

"Ni el polvo de tus huesos la América tendrá"


Pero se equivocaría grandemente. Mármol no fue ningún pobre oprimido o atropellado, sino un firulete y un gritón al cuete. El ejemplo es otro.

Aquí preguntará alguno por qué si Cristo sabía que sus milagros hubiesen convertido incluso a Sodoma, por qué no los hizo allí para salvarla. Aquí callamos. Tropezamos con el misterio de la inescrutable justa y misericordiosa a la vez Voluntad de Dios.

Pero hemos de quedar gratos al Evangelista de habernos descubierto una cosa que jamás hubiésemos concebido de no haberla leído: el que los fariseos acusaron a la grave y serena figura de Cristo de borrachín y farrista. Es más que blasfemia, es una especia de atroz idiotez. Realmente merecían ser maldecidos.
Me hace acordar de la prueba que da Mahoma de que Jesucristo fue sólo un "Enviado" de Dios, y que María no fue Madre de Dios: "¡los dos comían!" dice en el Koran, parte V, sura 75 (ó 79, en la trad. alemana de Hennig).

La intimación del fin de la Sinagoga que aquí comienza se repite y acerba más tarde, en las dos parábolas de la Higuera Infructuosa y en la terrible y ya desembozada de los Viñadores Homicidas: "el Reino os será quitado y trasladado a otra gente que haga fruto".

Extraído del libro "Las Parábolas de Cristo", de Leonardo Castellani

No hay comentarios: