domingo, 23 de mayo de 2010

Evangelio de Mateo

Foto: Mateo o Leví

Evangelio de Mateo:

Leví o Mateo era hijo de Alfeo, vivía en el Lago Genesareth (también llamado Mar de Galilea) y se ganaba la vida como cobrador de impuestos de Roma. Cuando Jesús pasaba cerca de él, fue llamado por el maestro, Mateo lo siguió y aceptó sus enseñanzas. Fue designado por Cristo para estar entre los doce.

Después de la resurrección y ascención, predicó en Judea  y las localidades cercanas. Escribió las enseñanzas de Jesús antes de la separación de los doce, entre 7 y 17 años después de la muerte de Jesús.

No se tiene certeza histórica sobre qué pasó con él después que dejó la Judea ni tampoco sobre su forma de morir, pero la tradición católica lo reconoce como mártir.

Al decir de los investigadores, su evangelio parece hacer sido escrito en hebreo vulgar o en un dialecto arameo usado por el pueblo. Aparentemente fue traducido casi inmediatamente al griego por un escritor muy capaz en el que se reconoce un estilo correcto y elegante. La versión griega se difundió rápidamente y es el que ha llegado hasta nosotros. El original se perdió definitivamente o puede ser que no haya existido, porque algunos investigadores piensan que Mateo escribió directamente en griego. Estos investigadores argumentan con razón que en esa época los palestinos eran un pueblo bilingüe, cuya segunda lengua era justamente el griego.

Foto: Palestina en el Siglo I
(Fotografía Propiedad y Cortesía de http://hjg.com.ar)

Algunos investigadores actuales afirman que Cristo no predicó en arameo, sino en griego vulgar (conocido como koiné), que era la lengua más extendida y comprendida por un pueblo muy heterogéneo como lo era en esas épocas remotas el palestino.

Durante algunos años los investigadores intentaron explicar las coincidencias de los primeros evangelios mediante una fuente común que dio origen a los escritos actuales. A esa fuente común la llamaron Protoevangelio. Los avances en la investigación arqueológica, histórica y social de los pueblos antiguos, permitió comprender la existencia de las condiciones del medio oral que existieron en esas etapas de la historia de los pueblos antiguos, que finalmente derivaron en la creación de los Evangelios a partir del volcado de los versos memorizados por los meturgemanes.

Nunca existió un Protoevangelio de Mateo simplemente porque Mateo era su propio evangelio. Sólo se limitó a llevar al papel lo que ya estaba presente en su memoria. Fue un teólogo protestante (Schleiermacher) el que alertó a los investigadores sobre la falsedad teórica de la existencia de un Protoevangelio común.

Mateo escribió para su compatriotas, tratando de convencerlos que Cristo era realmente el Mesías esperado de Israel. Por ese motivo hace mucho incapié en el cumplimiento de las profecías, que constituían el signo validador del mensaje de Jesús. Por el mismo motivo hace referencias constantes al Antiguo Testamento.

Hubo un debate histórico sobre la interdependencia de los evangelios en la época más importante de la investigación bíblica que hoy en día ha quedado reducida a simple curiosidad histórica. Se sabe que probablemente Marcos no leyó nunca el Evangelio de Mateo, pero sí Lucas. Juan conoció a los tres Sinópticos.


Foto: Lago Genesareth o Mar de Galilea hoy
(Fotografía Propiedad y Gentileza de http://www.primeroscristianos.com)

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