domingo, 11 de abril de 2010

Origen de los Evangelios


Foto: Dios hizo del hombre el deposito fiel que transmite su Palabra Viva




Origen de los Evangelios

El contenido de los evangelios permaneció durnte algunos años en la memoria de los recitadores antes de ser escrito. En la época de Cristo, los recitadores hebreos eran los rabbís, los nabís y los meturgemanes.

Los recitadores son comunes a diversas culturas y forman parte de la memoria oral de los pueblos, existiendo en todos los pueblos conocidos: rapsodas griegos, brahamanes hindúes, poetas árabes, guslares rusos, ritmadores touaregs, juglares de la Edad Media, etc.

En general,estos recitadores son nómades que guardan los versos que saben recitar en una memoria prodigiosa, al modo de esquemas rítmicos. Estos esquemas son memorizados en forma de estrofas independientes que se combinan según la enseñanza que se quiere mostrar al auditorio.

La memoria de estos recitadores mantiene la fidelidad de la enseñanza que se aprende y se transmite a través de lo que conocemos como el estilo oral, en el que no rige la escritura. Son una verdadera imprenta viva y depositarios fidedignos de las tradiciones del pueblo que instruyen con su recitado.

En una medida menor, puede compararse a la historia familiar que se transmite de padres a hijos, generación tras generación, manteniendo viva la historia de un clan. A diferencia actual, en una época remota en donde no se podía depositar el conocimiento en un escrito que podía ser accedido sólo por algunos privilegiados, el conocimiento de los pueblos se depositaba en sus recitadores para constituir la principal fuente de instrucción de sus miembros.

Es por ese motivo que la fidelidad memorística es lo que caracterizaba a los recitadores. Cristo adoptó este modo de enseñanza y fue un recitador oral.

La fecha exacta en que la enseñanza mnemónica-rítmica de los evangelios fue llevada al escrito, ha sido largamente investigada. Se sabe que estos trabajos se realizaron entre el año 7 y el 63 después de la muerte de Jesús en tres de los Evangelios. Unos años más tarde le toca el turno al Evangelio de Juan.

Esas fechas están fijadas con bastante aproximación de acuerdo a los investigadores:

  • Hacia el año 50, el Evangelio de Mateo
  • Hacia el año 55, el Evangelio de Marcos
  • Hacia el año 60, el Evangelio de Lucas
  • Hacia los años 95 a 100, el Evangelio de Juan

Marcos era el recitador de Pedro y se abocó a volcar palabra a palabra lo que había escuchado de aquel, pero sin seguir el orden histórico de Cristo por la razón de que él no le había seguido, sino que había seguido a Pedro, que predicó según lo que la había enseñado su maestro pero sin seguir un orden cronológico. Marcos, por lo tanto se dedicó a no omitir nada de la predicación de Pedro sin alterar los esquemas rítmicos recitados por él.

Marcos acompañó a Pedro durante mchos años aprendiendo los recitados  memorizándolos. El mismo Marcos recitaba las enseñanzas y aquellos que le escuchaban le pidieron que pusiera por escrito los recitados. Así lo hizo y Pedro no se opuso a ello.

Lucas escribió la enseñanza de Pablo, pero se ocupó de completarla con recitados de otros maestros, viajando a Palestina para ello. Intentó seguir la cronología correcta pero intercalando enseñanzas de Pablo y otros recitadores.

Los casos de Mateo y Juan son diferentes porque ellos mismos eran discípulos directos de Jesús. A lo largo de la predicación de Jesús, memorizaron cuidadosamente los recitados del Maestro y con su oficio de predicación los repitieron incansablemente, con lo que sólo debieron volcarlo por escrito.

Cristo sabía escribir, pero sin embargo, no volcó las enseñanzas al escrito ¿Por qué no lo hizo? Santo Tomás de Aquino dice al respecto: "Si Cristo no escribió fue por la excelencia de su doctrina, que no puede ser confinada en palabras escritas. Si Cristo hubiera dejado su doctrina en un escrito, los hombres la limitarían a lo que la escritura contuviera" ( III, q.42,a.4).
Lo que quiere decir el santo es que la palabra viva es una manera más perfecta de enseñar porque impacta directamente en los corazones.

Limitarse a un escrito en cuanto a las enseñanzas de Dios sería limitar el conocimiento de Dios, olvidar la acción del Espíritu que actúa a través de la iluminación inmediata de la fe personal, limitar la Gracia y en resumen generar un decálogo sofisticado pero condenado a volverse viejo y obsoleto.

La predicación fue, es y seguirá siendo escencialmente oral. Cristo no fundó una religión basada en un libro, sino sobre la palabra y los actos de un recitador que confió en los hombres como depositarios de su enseñanza.

Muchos escritos se han perdido a lo largo de la historia humana, obras completas de maestros del pasado se han olvidado en las brumas del tiempo y esas enseñanzas han desaparecido para la humanidad entera.

Cristo lanzó sus palabras al viento, pero esa palabra fue depositada en receptáculos vivientes que fueron más fieles que un secretario o un taquígrafo. La Providencia de Dios mantuvo viva a esa Palabra en los corazones de los hombres que dieron su vida para llevar el mensaje redentor de la salvación a la humanidad.

Hombres magníficos, decididos y valientes pasaron a lo largo de la historia transmitiendo las doctrina de un rabí desconocido que predicó por breve tiempo hace dos mil años. Tansmitieron fielmente un mensaje que no les pertenece para llevar luz a una humanidad que se ahoga en su propia miseria humana.

La enseñanza se fijó luego por escrito, pero nunca dejó de ser lo que fue para Cristo: un mensaje vivo que se transmite de corazón a corazón, de padres a hijos, generación tras generación fielmente y sin perder su vigencia.

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