domingo, 25 de abril de 2010

El ser, el acto y la perfección


Foto: El ser tiene un doble aspecto como causal de existencia y participación del bien
 


El ser, el acto y la perfección

Vemos que en el tomismo, el bien tiene una importancia singular en el sentido causal. Porque a través de la creación, Dios en un acto libre transmite el bien y permite participar del bien a lo creado. Mientras más se involucre lo creado en el bien, más contribuirá a la obra creadora convirtiéndose en causa secundaria al mismo tiempo que se perfecciona porque al obrar, el ser se acerca  a la perfección.

Esos son dos aspectos fundamentales del bien dentro del pensamiento tomista. El bien obra a través del aspecto causal de las cosas y tiene un carácter difusivo. A mayor bien en lo creado, mayor plenitud y perfeccionamiento. Mientras se contribuye a la difusión del bien, se facilita el  propio crecimiento al  completarse a sí mismo.

Vemos entonces que el bien se fundamenta en el ser, es decir que el bien necesita que el ente sea para poder manifestarse, de modo que la perfección y la capacidad de perfeccionarse que suponen el bien en realidad son capacidades del acto de ser.

Sin el ser el bien no podría manifestarse y es por ello que decimos que el ser es la manifestación del acto y al mismo tiempo es una perfección primera y fundamental que el ser tiene porque por su capacidad difusiva y participativa forma parte de la obra creadora.

Para Tomás, desde este punto de vista, ser no es sólo sinónimo de existencia. Es también la capacidad de participar del bien. En el lenguaje común, coloquial, cuando hablamos del ser estamos refiriéndonos a existencia, pero cuando nos referimos al ser en tomismo, metafísica o teología, hablamos de la existencia y de su aspeto difusivo y participativo del ser con respecto al bien.

Si hablamos de la existencia desde el punto de vista de los sentidos, desde el punto de vista de que algo existe fuera de nuestra mente y que no depende de nuestra observación para existir, como algo de naturaleza independiente, entonces deberemos notar que la existencia es uno de los efectos del ser. El ser trae consecuencias y efectos, uno de ellos es la existencia, pero no es sólo la existencia el único efecto del ser.

La otra consecuencia del ser desde el punto de vista de la creación es que el ser permite la existencia individual. Los universales que en realidad existen en la mente divina y que son comprendidos por nuestro intelecto como escencias, a través del acto creador del ser, dejan el estado de potencia y se convierten en acto por medio de la obra creadora. Vale decir que el otro aspecto del ser es que permite llevar una escencia a ente.

Es decir que el ser en tomismo, metafísica y teología no sólo implica el acto de existir, sino también el salto creador de potencia o posibilidad al acto, la realización y la participación del bien que tiene aquello que es, le permiten formar parte de la obra creadora a través del caracter difusivo del bien.

Es por ello que se considera al ser como el acto de todos los actos. Es el acto que fundamenta y constituye a todos los actos posteriores. Por eso el aquinense dice que "el ser está en lo más profundo de todo" (STh I 8, i in c)

Esto también fundamenta a Tomás para decir "toda cosa es perfecta en cuanto está en acto. Imperfecta, por el contrario, en cuanto está en potencia, con privación del acto" (Summa Contra Gentiles, 2, 68).

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