viernes 27 de agosto de 2010

La existencia de Dios


Foto: la existencia de una realidad no puede ser negada por el sólo hecho de no poder probarla físicamente.


Teología: La existencia de Dios

La existencia de una realidad no puede ser negada por el sólo hecho de no poder probarla físicamente.

Si alguien le pidiera que demostrara la realidad de la existencia de su pensamiento ¿cómo lo haría?

El no poder probar algo no quiere decir que no exista... Creer en algo que no puede probarse... ¿no se parece a la Fe?

Pero al contrario de lo que el común de la gente cree... se puede probar la existencia de Dios por medios intelectuales. La búsqueda de Dios se basa en un corazón honesto que busca la verdad.

Al conocimiento de la existencia de Dios se llega por distintos caminos de acuerdo a las capacidades y potencialidades propias de cada individuo.

Es indudable que ese conocimiento es parte de la Revelación salvifica de Dios y se hace evidente a cada individuo por medio de la acción del Espíritu Santo.

El Espíritu interviene en la salvación individual a través de la Gracia, que abre los ojos del conocimiento inteligente humano para que a través del salto intelectual de la Fe, el hombre encuentre la evidencia de la existencia de su Creador.

Para profundizar estos temas, le recomiendo la lectura de estos artículos previos:
  • Vea en la Sección Teología los artículos "Naturaleza de la Revelación Cristiana", "La revelación fuera del cristianismo" y "La revelación en Jesucristo"
  • Vea en la Sección Metafísica los artículos "Causa", "Escencia, Sustancia, Accidente, Naturaleza" y ""Analisis de la Causa Eficiente"
  • Vea en la Sección Tomismo los artículos "La Teología según Tomás", "El mal de la inteligencia" y "El bien en el pensamiento tomista"
A partir de la revelación de la existencia de Dios, el hombre se transforma en un inspirado que recibe esa revelación y para el cual la existencia de Dios ya no es un interrogante, sino un punto de partida, un camino que comienza a ser recorrido.

Eso es la Teología. El inicio del camino del conocimiento del Creador. La Teología es una ciencia que se empieza a estudiar, pero de la cual nunca nadie puede decir que agota el conocimiento de Dios. Un teólogo nunca termina de aprender, como tampoco nunca deja de estudiar. Cada paso es un acercamiento al gran misterio de Dios, un eslabón que disminuye la formidable distancia entre Dios y el hombre.

La revelación al pueblo de Israel es en primerísimo término, la afirmación rotunda de la existencia de Dios y del contraste que significa diferenciar esa realidad de todo lo que no es ella.

En este acercamiento del Creador a sus hijos, subyace la idea de que nada puede existir que no sea obra del Creador. Sin importar lo que fuere, toda realidad, toda cosa depende absolutamente de Dios. Aquí hablamos de "cosa" desde el punto de vista metafísico, incluyendo todo lo creado.

Tanto la naturaleza como el hombre, el universo, el tiempo pre y post BigBang y aún las realidades desconocidas de universos paralelos y dimensiones por descubrir, son dominadas por la omnipotencia de su acción en un término absoluto.

He aquí el abismo entre aquel que llamamos Dios y el resto... la Creación... que depende totalmente del Padre. Este concepto revelado a Israel escapa a la simpe imaginación del pobre pensamiento humano porque no sólo revela que Dios Existe.

Dios existe, pero existe de una manera especial. Existe desde siempre porque nunca tuvo una no-existencia. Es un eterno ahora al que nada le precede. Nada le condiciona porque es el Creador de todo lo que vemos e imaginamos. Todo lo que no es El mismo, existe y perdura sólo por su poder, su voluntad, por la intención deliberada de Dios.

Del mismo modo, todo dejaría de existir cayendo nuevamente al no-ser si no fuera porque Dios mismo desea la existencia de las cosas creadas. Tal poder que suena aterradoramente implacable, absoluto y definitivo sólo desnuda la incapacidad humana de imaginar tal realidad si no existiera la Revelación del Padre al pueblo de Israel.

Dios no cesa de revelarse, al decir de Pablo... ¿y cómo negar que Dios se revela constantemente?... en cada cigoto, en la realidad de la física cuántica, en el reloj de la naturaleza que despierta en la primavera, en cada latido del corazón, en cada amanecer...

Dios es auténtico Dios cuando mantiene por propia voluntad la realidad de su creación, mostrando su misericordiosa bondad... porque la realidad es que Dios no necesita del hombre ni de la creación, pero en su amor de caridad comparte con el hombre la realidad de la creación... El hombre sí necesita de Dios porque sin Él...  sería la nada. "Los cielos proclaman la gloria de Dios, el firmamento narra la obra de sus manos" (Salmo 18).

sábado 21 de agosto de 2010

El misterio de Dios y el hombre

Foto: El hombre no puede comprender por sí mismo la totalidad del misterio de Dios


Teología: El Misterio de Dios Y el Hombre

Si la mente humana se abandona exclusivamente a sus propias fuerzas obtiene una idea insatisfactoria de Dios al verse imposibilitada de encontrar respuestas coherentes a la realidad que vive y percibe.

El deseo natural del hombre es ver a Dios con el sentido propio de la inteligencia. No es un deseo malo en sí mismo, pero se ha de ser cuidadoso porque los límites que la naturaleza humana le impone al ser humano le limitan en cuanto al conocimiento de todo aquello que le supere en grado extremo.

El hombre fue creado para aprender gracias a sus sentidos. La manera de comprender y estudiar de la mente humana se parece un poco a la forma que un cocinero mira el interior de una cebolla:  abriendo capa a capa su interior, descubriendo paso a paso lo que hay partiendo de la superficialidad y llegando al interior. Al descubrir la interioridad toda de las cosas, el hombre analiza con la ciencia humana lo que ve y comprende los principios funcionales de aquello que observa.

Una vez que la mente ha comprendido a partir de los sentidosy las formas, las ciencias le ayudan a entender cómo funcionan las cosas y sus principios para finalmente incorporar el conocimiento de lo estudiado a su interioridad.

Esa forma de estudio está muy bien para la observación y el estudio natural del mundo material de nuestro universo. Pero Dios trasciende el tiempo y el universo. Las cosas son como son porque Dios así las pensó. Los objetos y toda la creación, así como las ciencias que rigen sus leyes son de acuerdo a cómo las pensó el Creador. Hay una diferencia abismal entre el hombre y Dios.

Haciendo un paralelismo absurdo podríamos pensar en cómo una hormiga pensante (si la hubiese) podría interpretar el pensamiento humano. ¿Cómo una hormiga podría interpretar lo que piensa un hombre? Desde su propio mundo, sus motivaciones, su psicología.. ¿Cómo podría entender lo que sucede en la interioridad del hombre? Dejada a su suerte, la hormiga sólo podría tener una idea extraña de ese inmenso ser que le amenaza... ¿Cómo podría saber que ese horroroso y amenazador ser piensa, ama, siente compasion, tiene nobleza, sufre, persigue el bien? Habría demasiadas diferencias entre estas dos creaturas para establecer tan siquiera un vínculo o un lazo de comunicación...

Dejada a su propia suerte, la hormiga sólo podría tener temor y una idea completamente desvirtuada porque sus propios límites físicos y psíquicos como el tamaño, el cerebro, la estructuralidad intelectual de su pensamiento, la psicología propia de su interioridad y de su especie serían barreras infranqueables para ella.

La única posibilidad real de comunicación sería posible sólo si su hermano mayor (el hombre), con una estructura científica, mental, psicológica y social más avanzada, encontrara el medio idóneo de comunicarse con las hormigas en un nivel comprensible para ellas como especie.

Ese lazo, ese vínculo sería un puente tendido entre dos especies que generaría la única posibilidad de que las hormigas entendieran al hombre como tal.... Sólo así podrían las hormigas entender las motivaciones de los hombres... motivaciones que a veces podrían generar respuestas que serían incomprendidas y aún dolorosas.

Un vínculo... un puente... un lazo fraternal... Un único medio para lograr que aquellos que tienen límites naturales impuestos en la creación terrena puedan superarlos al mirar la vida y la creación con la mirada eterna de su Creador.

La humanidad necesitaba ese vínculo para conocer por Revelación a su Dios... y Dios envió al Verbo encarnado como hombre.

domingo 15 de agosto de 2010

La verdad y el sentido de las Escrituras Inspiradas

Foto: La verdad que Dios revela en los escritos inspirados no es una verdad científica


Teología: La verdad y el sentido de las Escrituras Inspiradas

La Escritura es la Palabra de Dios inspirada al escritor humano, que la revela a través de sus propias y personales herramientas, pero manteniendo fiel la intención y el mensaje del Autor, que no es otro sino Dios mismo.

Por ese motivo es verdad en el sentido absoluto, porque proviene de Dios. No es una verdad relativa que cambia de acuerdo a circunstancias terrenas o temporales. Es una verdad que viene de la eternidad de Dios y por lo tanto inmutable y abosoluta.

Pero en el caso de los escritos inspirados es necesario establecer que tipo de verdad se pretende afirmar porque en la primera intención del Autor y del escritor radica la manera en que se recibe la información que devela, muestra o enseña una doctrina.

Un libro de historia muestra una verdad cronológica y por propia naturaleza deberá mostrar exactitud documental en los hechos. Un libro científico debe contener saber matemático, químico o técnico, pero el rigor documental le precede, así como la documentación y exactitud de la ciencia y postulados que demuestre.

Pero las verdades y afirmaciones que dan origen a los Libros Inspirados por Dios no pueden encasillarse entre los géneros literarios existentes. Son escritos inspirados portadores de una verdad divina. No buscan el rigor cronológico ni la exactitud científica. Demuestran postulados metafísicos, porque la intención de Dios es revelarnos a los hombres las verdades que garanticen su salvación. Intenta establecer lo que el hombre necesita para crear y mantener una relación entre el hombre y su Creador. Devela lo que el hombre necesita para cumplir su propio destino. Destino para el cual fue creado: volver a Dios. Retornar a casa como el hijo pródigo que es. Encontrar el camino que debe recorrer en su paso por la tierra para llegar finalmente a la morada definitiva que Dios le ha preparado a la raza humana.

Es por ello que en los escritos inspirados no ha de buscarse rigor científico ni exactitud cronológica: la inspiración no cambia el conocimiento científico del escritor porque las verdades que Dios revela no son científicas. Dios no busca a los autores para revelar ciencia terrestre.

A pesar de todo, la historicidad de Cristo, su encarnación y vida terrestre, los hechos acaecidos, sus palabras, su muerte y resurrección están inmersos en su realidad histórica. Desde ese punto son incluídos en la revelación bíblica porque son parte del testimonio que afirma lo que pasó en la historia y en la realidad humana.

Pero la inspiración lleva a crear un testimonio de lo que Jesús dijo y quiso decir en la tierra, la inspiración también le recordó a los Apóstoles lo que habían escuchado, los puntos importantes del mensaje, los puntos escenciales. No serán las exactas palabras de Jesús, pero sí podemos afirmar que el Espíritu Santo garantiza las enseñanzas de lo que Cristo dijo y quiso comunicar, incluyendo los énfasis y los enfoques que realizó en su predicación.

A través de los Escritos inspirados Dios mismo, por medio del Espíritu ha permitido a las generaciones humanas tener la palabra del Verbo Encarnado y su enseñanza resucitadas en la memoria inspirada de los autores sagrados.

domingo 8 de agosto de 2010

Soldados de Cristo: El tiempo de combatir es ahora

El tiempo de la predicación ha llegado a su fin. El Evangelio ha sido anunciado por el mundo y el mundo ha rechazado el mensaje de Cristo.

Dos mil años han pasado desde la encarnación del Verbo y es tiempo que los hombres tomen finalmente partido en su propia salvación.

Hoy la humanidad atraviesa su propia encrucijada cuando nunca se había atentado tanto contra el Orden Natural y Sobrenatural de la Creación.

Hoy es tiempo de la lucha por la conquista de cada alma, por cada hombre. Es tiempo de la Penitencia del Soldado.

La Iglesia declina agonizante por la poca fe de sus fieles, frágiles réplicas de los Santos Apóstoles que la vieron nacer. Es necesario renovar los votos para que la Luz no abandone definitivamente a su Comunidad. La predicación ha llegado a su fin y es momento de mostrar sin vacilación la Caridad del Amor.

Mientras la fe espera, la perseverancia del Soldado en esta noche oscura demostrará al mundo que su Iglesia aún combate y que la Luz es protegida hasta la restauración de la Verdad.

Todo combate ha de librarse en la interioridad de las almas, en el silencio de los corazones fieles mientras laten al ritmo del amor por nuestro Señor.

Los Soldados combaten por los hombres en el silencio y la oscuridad de su propia soledad.
Nadie conoce sus decisiones. Nadie ve sus experiencias. Nadie entiende sus acciones. Solos pero protegidos y bajo el amparo de Aquel que ve en lo oculto de sus corazones, emprenden el viaje con el fin de conquistar almas.

Gracias al silencio de su decisión, aquel que ve lo que está oculto oye sus plegarias. Todo lo que la Providencia les otorga alimenta el dolor de la cruz que se les confía en el combate.

Rodeados de silencio anónimo, emprenden el viaje que por propia voluntad les llevará a través del dolor de sus penitencias. Así han de conquistar los corazones de los hombres para Gloria de Dios, su Señor.

sábado 7 de agosto de 2010

La falsa Espiritualidad

Espiritualidad: La Falsa Espiritualidad

Foto: El hombre puede asumir falsas espiritualidades

La falsa espiritualidad

Las comparaciones y las clasificaciones son odiosas en sí mismas, pero permiten apreciar diversos puntos de vista bajo ópticas que antes no comprendíamos o no entendíamos. En la vida no hay tantos blancos y negros como matices, pero en el sentido del aprendizaje y del crecimiento interior, esta clasificación puede ayudarnos a comprender una parte de la naturaleza humana.

Si analizamos la espiritualidad mundana, existen algunas formas predominantes de vivirla:

El esteticismo

La primera que analizaremos es lo que conocemos como espiritualidad estética o frívola porque son las personalidades que predominan en la actualidad. Son amantes de la belleza mundana y centran su atención en la estética en todas sus formas. La vida puede ser sencilla y feliz con unos pocos cambios de mentalidad o una actitud positiva. Es pregonada por los vendedores de ilusiones que se dedican a publicar libros de autoayuda y dar charlas motivacionales.

La conclusión de esta modalidad pseudofilosófica es simple: la vida es fácil, sencilla, el hombre puede encontrar en su interior el camino de la felicidad. Las personas que siguen a estas corrientes de pensamiento positivo por lo general ignoran la necesidad del crecimiento y el fortalecimiento del carácter como un medio básico que permita evolucionar hacia el modelo del hombre cirstiano que reclama Cristo. En ellos la espiritualidad no llega a germinar.

Pueden tomarse el tiempo de escuchar la voz interior que es el llamado del Espíritu que todos recibimos sin excepción, pero por diversos motivos, ignoran el mensaje de crecimiento interior y de la necesidad del propio esfuerzo para lograr el amor de caridad que surge del desprendimiento material y la evolución interior.

Su sentido espiritual o religioso es inexistente, está deformado cruelmente o simplemente nunca se cultiva. Estas semillas se esparcen por su camino pero nunca llegan a germinar.

Insensibilizados al mensaje de amor de caridad, se concentran sólo en sus problemas, son completamente mundanos y vagan por el mundo insensibles al dolor del otro.

Tiene al igual que todos, una estructura de valores, pero por algún motivo no logran conectarla con la vida cotidiana. Su esfera sentimental está deformada porque el egocentrismo suele expandirse al punto de insensibilizarlo con respecto a su prójimo.

Tiene poca capacidad de focalizar metas espirituales a largo pazo porque tienen escasa capacidad de soportar problemas y se frustran o deprimen rápidamente ante las primeras dificultades y sus pequeñas cruces.

Son los hombres que al fin de sus días ven la luz apagarse con pánico y desesperación porque sus limitadas y egoístas metas le impidieron vivir plenamente el Evangelio. Suelen recurrir frecuentemente a mejoramientos estéticos y cosméticos porque la inconformidad de su vida interior se traduce en la negación de su imagen corporal.

Su mayor suplicio es darse cuenta que la felicidad no era lo que creía pero al mismo tiempo se niegan a la cruz porque tienen miedo al sufrimiento. Buscan para la vida una respuesta fácil que no existe. Son hombres que no han despertado a la caridad.

Cristo los identifica en la parábola del sembrador como la semilla que cae en el camino y no germina.

La tibieza

El segundo caso es el de las personas bienintencionadas, pero que quedan en su buena intención sin tener el valor de vivir o practicar lo que piensan. Son vidas sin obras.

Estas son personas sin valor para vivir y expresarse. Le temen al mundo y lo que le mundo dirá de ellos si viven en y como Cristo. Temen ser auténticos porque quedan en evidencia al seguir el camino de caridad que Dios reclama al hombre.

Estos hombres escuchan y entienden los mensajes que vienen del Espíritu. Toman partido por Cristo porque conocen la esfera de sus propios sentimientos interiores y comprenden cabalmente cómo la vida de una persona afecta a los demás. Es decir que su sentido de caridad ha despertado y comprende que el amor fraternal no sólo transforma al mundo, sino que es un modo de vivir por el Espíritu y de crecer interiormente en el Amor.

No son insensibles al dolor del otro, pero no quieren sufrir las consecuencias de escuchar su propia interioridad. Saben que en la vida todas las elecciones deben pagarse de algún modo pero no quieren pagar el precio de vivir de acuerdo a sus ideas.

Ese miedo a las consecuencias de sus elecciones les impiden vivir plenamente y eligen suprimir su espiritualidad. Saben exactamente cómo pueden ser felices, pero no tienen valor para hacerlo. Saben cuál es el camino a seguir, pero les aterra saber lo que deben dejar de lado para conseguir la felicidad auténtica. Son personas que eligen vivir aturdidas para no escuchar el mensaje de su propia alma.

Han escuchado el clamor de su interior que les reclama caridad para el prójimo pero que no quieren el sacrificio de la cruz que trae ese compromiso.

Cristo los identifica como la semilla que germina y se quema con el sol.

La soberbia

En esta forma, los hombres creen ser espirituales, pero que en realidad la vida interior está deformada por el ego. Escuchan el mensaje de Cristo, pero no le dan crédito porque piensan que ellos tienen la razón y están convencidos de sus ideas.

Son los idealistas, los que se apasionan por el debate. Suelen ser fanáticos. Olvidan que Cristo puede morar en donde El quiera y creen tener siempre la razón.

Se yerguen como grandes jueces de la humanidad. Desprecian a todo lo que no represente a sus propios ideales, por eso desacreditan a todas las religiones excepto la propia.

Son intolerantes, le niegan al prójimo la libertad de su elección e intentan imponer por la fuerza sus ideales en los demás porque son  limitados en los medios aptos para conquistar almas humanas. No tienen preparación en filosofía, metafísica ni teología.

Recibieron en algún momento el mensaje de Cristo pero en su interior lo han deformado y lo han cambiado por su propio mensaje.

Se nota en ellos un desprecio por el prójimo que ha equivocado su camino para caer en el pecado y en realidad le niegan la ayuda al necesitado porque hacen leña del árbol caído.

Suelen despreciar y perseguir a homosexuales, prostitutas, drogadictos, delicuentes y a cualquier ser humano que haya caído en pecado. Si son empresarios y fuera posible, les negarían todo medio de sustento. Siempre buscan víctimas para sus ataques. No hay amor en ellos y por eso no conocen la justicia del perdón.

Son personas que tienen religiosidad, pero esa religiosidad está desviada.

Tienen una gran cuota de maestría conceptual conjugada con erudición. Parecen sabios y en realidad son intelectuales superiores, pero la soberbia les guía y el mensaje que entregan es propio y personal.

Se niegan a la corrección fraterna y en su soberbia han dejado de comprender que vivir es un aprendizaje constante, que los hombres debemos crecer todos los dias en nuestra vida porque de otro modo nos condenaríamos a caer.

Son hombres que se esconden bajo la capa de la espiritualidad, pero su espiritualidad es frágil, quebradiza, inconsistente. A veces arrastran a otros en su error.

Son los lobos del rebaño. Cristo los ve como las semillas que crecen bastante pero terminan por asfixiarse. Es la soberbia la que las asfixia.

miércoles 4 de agosto de 2010

Soldados de Cristo: Decisión y perseverancia

Los Soldados de Cristo no consiguen la fe con la reflexión sino con la acción. La experiencia les muestra quién es Dios, que espera de ellos en la tierra y cuál es su rol en la historia humana.

Son probados a través del dolor, la cruz y la obediencia. Se exponen al mundo mostrándose auténticos tal cual son, llevando la Palabra allí donde se les encomienda. Se sobreponen a la experiencia de sus límites humanos y a la desolación del camino árido del desierto por amor a sus hermanos los hombres.

Los Santos Padres les guían en sus batallas y les recuerdan que sólo avanzando en el camino de Cristo llegarán al sendero de su propio destino.
Cualquiera sea el peso de las cadenas que les atan a la tierra, por la Gracia de Cristo adquieren la fuerza para romperlas, subir más alto en el sendero de la montaña e ir más lejos para llegar allí donde los hombres comunes no llegan jamás.

Luchan constantemente contra aquel que se opone a nuestro Señor Jesucristo viviendo el Evangelio en sus vidas cotidianas, trabajando en la Obra con sus propias manos y olvidando la pereza al recordar que es limitado el tiempo que tienen en esta tierra.

No lloran por el dolor ni suplican piedad al trabajar en la restauración del Reino de nuestro Señor sabiendo que cualquier retraso puede perder un alma para la causa de Dios.

Atravesando la jornada de la vida perseveran en la decisión y olvidan el pasado que dejan atrás para llegar a la Tierra Prometida, allí, donde mora su Señor.

Como peregrinos en tierras extrañas, van por el mundo mirándolo a través de los ojos inmortales de Cristo.

domingo 1 de agosto de 2010

Sobre las formas del amor

Foto: ¿Cómo reconocer los diferentes modos de amar que tiene nuestro corazón?
 
Sobre las formas del amor:

El amor puede manifestarse en diferentes formas y grados de perfección: entre los amantes carnales, de padres a hijos, entre amigos, entre personas. La amistad es una forma de amor.

Existen diferentes grados de perfección entre ellos. El amor de amistad es uno de los más perfectos porque puede manifestarse en presencia o ausencia del amado y permite amar en la libertad del desapego porque no requiere la presencia ni la posesión del otro. Este tipo de amor tan especial sólo requiere la libertad del amado y su felicidad aún a costa de la propia.

El amor se torna malo cuando no tiende a un bien absoluto. Siempre lo amado representa para el amante algo bueno. Nunca se ama lo malo porque sí, sólo se ama algo malo cuando es confundido con un bien. Ninguna persona ama algo cuya naturaleza es mala. Se ama algo malo cuando el hombre confunde lo malo con un bien, los hombres siempre quieren el bien, pero en ocasiones el juicio humano erra en el juicio de lo que es bueno absoluto.

En el amor se mezcla el apetito de belleza que el hombre tiene. Es por eso que el hombre ama lo bello o lo que percibe como bello. La belleza tiene que ver con la materialidad de los sentidos, con la sensualidad. Es considerado bello aquello que es agradable de poseer. Es bello lo que es semejante a nuestra alma. Se aman las características que nos identifican en el otro. El hombre también suele amar lo que ve en el otro y que es necesario para sí mismo.

Cuando la sensualidad se mezcla con el amor, aparece el amor carnal de los amantes, de los esposos. Este es un amor que demanda la posesión del otro. En este tipo de amor se experimenta el deseo y si es correspondido, el amado mora en el amante en un modo de aprehensión. Es lo que expresan los poetas cuando dicen "te llevo en el corazón". El amante mora en el amado en el sentido que la posesión puede calmar el deseo del otro. En ese estado, los amantes desearían fundirse y hacerse uno solo.

En el amor de posesión o carnal, se ama al otro como una posesión propia y exclusiva. Ante la ausencia del otro surge el deseo. El celo surge en este tipo de amor cuando el amado no corresponde y el deseo de posesión no puede cumplirse en el amante. El celo es efecto de ese amor de posesión y sirve a nuestra alma para discernir el tipo de amor que albergamos por el otro.

En el amor de amistad, se ama al otro como a uno mismo mismo y el espíritu de desapego que le forma, le da la posiblidad de amar libremente al no necesitar su posesión ni su presencia. El amor de amistad puede manifestarse en ausencia del amante y sin exigir la exclusividad del amado.

Sea cual sea el amor que albergue nuestro corazón, el verdadero amor no divide ni al amado ni al amante. Dividir sólo forma parte del apetito pasional, de posesión carnal, que es una manifestación posesiva del amor.

Nadie que experiemente amor verdadero puede sacarlo de su vida. Algunos amores pueden sublimarse o transformarse, pero el amor verdadero sin importar su naturaleza, no puede apagarse.


Nota: Leer a Santo Tomás de Aquino (Prima Secundae, Cuestiones 27 - 28)